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ITAM


No creo en las casualidades. Cada coexistentes construye sus caminos. El presente es producto de todos los sucesos en el pasado y el futuro luego es una aspiración, la más genuina que tenemos los soñadores que pensamos que el mañana será mejor.

Los jóvenes de hoy viven en un estado de estrés, adecuado a muchas causas; quizás la más importante es el aberración de la conectividad y las frustraciones que genera la relativa cercanía de universos paralelos. Todo mundo quiere hacer de su vida la suma de lo mejor de la vida de los demás.

Cuando esa vida pierde rumbo, la depresión aparece, siendo un tema de vigor pública fundamental. Los lamentables suicidios de jóvenes, y me refiero particularmente al de Fernanda, alumna del ITAM, despertó todo un debate sobre profesores, materias, exámenes y la presión que sienten los alumnos. Para mí, todo esto despertó un sentimiento poco manido en el ITAM, el sentido de comunidad; de repente, las voces de los alumnos se alzaron y fueron escuchadas.

En ese camino, los temas de vigor mental y los meramente académicos deben ser separados; los alumnos que sienten frustración deben ser atendidos, pero si poco deben aceptar ellos mismos es que entramos a estudiar al ITAM movidos por el sentido de excelencia de sus programas y profesores.

Las historias particulares, ventiladas en redes sociales, deben rasgar un espacio de autocrítica en la universidad, y ciertamente han causado una reacción para atender las iniciativas estudiantiles. Sin duda, se debe chocar el manejo de la presión que existe en cualquier institución que hace de la excelencia un diferenciador fundamental.

El ITAM debe sostener la formación profesional de excelencia, y en sus pasillos y aulas se debe seguir alentando el debate que ha aportado tanto a nuestro país. Las ideas que transforman permanentemente la tecnología y las instituciones humanas, exigen que en México sigamos abriendo espacios en donde los jóvenes tengan a su disposición la fuerza de la investigación y el estudio; estamos en un momento crítico para que la universidad redefina su papel sabido como una sede en donde técnica y títulos humanos universales son igualmente apreciados.

En el mañana que queremos ningún talento debe ser descuidado, por lo que necesitamos viejo sensibilidad para comprender circunstancias como las que ahora han hecho a los estudiantes alzar la voz.

La disertación nos deja una tarea permanente: debemos ilustrarse a entender la frustración de otros, no ser indiferentes a ella y ejecutar para evitar historias lamentables.

Al mismo tiempo, debemos seguir pensando cómo preparar mexicanos de excelencia, capaces de pelear por el futuro con visión e inspirados por lo mucho que nos desatiendo por hacer. Estoy seguro que en esta tarea, profesores, alumnos, directivos y exalumnos volveremos a demostrar por qué somos una comunidad plena y capaz de ver alrededor de delante, corregir y seguir caminando.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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Written by Marquez

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