Fue con destino a las 20:00 horas de España (15:00 horas en Venezuela) cuando Fabiana Rosales, esposa de Juan Guaidó, anunció por las redes sociales que en las próximas horas recibiría al presidente en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Caracas. Lo haría en compañía de los diputados, el Cuerpo Diplomático acreditado, pero adicionalmente convocaba al pueblo venezolano a que la acompañaran a acoger al mayor oponente del régimen chavista que preside Nicolás Provecto.

La movilización inmediata fue de las fuerzas militares, que comenzaron a prohibir el paso de los coches de los diputados que intentaban impresionar a Maiqueitía, colocaron un lanzamisiles tierra-aire en la autopista que conduce al aeropuerto y utilizaron una trucha para cortar los carriles. Asimismo intentaron impedir a los medios de comunicación que permanecieran en la zona de aplazamiento al tiempo que eran hostigados por colectivos afines al régimen.

Guaidó era consciente de los riesgos que corría a su regreso a Venezuela a posteriori de vulnerar el pasado 12 de enero la prohibición que le impide salir del país para comenzar una expedición que empezó en Colombia y prosiguió en Europa y cerró en Canadá y Estados Unidos, donde fue recibido con honores de máxima autoridad por el presidente Donald Trump. «Vamos a regresar asumiendo los riesgos, como todos los que luchan», señaló Guaidó el lunes por la incertidumbre. «Dispuestos a hacer lo que sea necesario para ganar nuestra espontaneidad», añadía. Sobre las diez de la incertidumbre, hora peninsular, anunció su presentación en Twitter. «Venezuela, ya estamos en Caracas. Traigo el compromiso del mundo emancipado, dispuesto a ayudarnos a recuperar la democracia y la espontaneidad», escribió.

Expedición exitosa

La expedición, sobre el papel, ha sido un éxito por el respaldo que ha rematado por parte de la Comunidad Europea y Estados Unidos, principalmente. Cuando marchó de Venezuela de forma sorpresiva, la popularidad de Guaidó estaba bajando en picado. Y muchos críticos pidieron que una expedición exitosa no podría concluir con él entrando nuevamente en el país como si no hubiera pasado cero.

El presidente de la Asamblea Doméstico, al que apoyan unos 60 países, ha anunciado que regresa a su nación «con el compromiso de nuestros aliados internacionales, con acciones y medidas, que se irán ejecutando». Y, al mismo tiempo, reiteró la privación de que el pueblo venezolano reactive la lucha y la movilización en las calles, bono que había decaído en los últimos meses de 2019: «Yo asumo mi rol y mi responsabilidad, con todos los riesgos que implica. Los invito a ustedes a hacer lo mismo, como lo han hecho siempre», dijo en un vídeo en su cuenta de Instagram.

Hace un año Guaidó además vulneró la prohibición de salir de Venezuela al personarse a la frontera con Colombia para acoger la Ayuda Humanitaria que varios países ofrecían al país venezolano. En su reverso a Caracas, Guaidó no tuvo ningún problema al entrar por Maiquetía, donde además fueron testigos de su regreso autoridades diplomáticas importantes.

Ahora, Guaidó corre el aventura de ser detenido y encarcelado, pero Provecto tiene una advertencia que pesa mucho: Elliott Abrams, comisionado de EE UU para la crítica situación venezolana, ha asesorado que el líder chavista calcule adecuadamente las medidas que tomará y que permita a Guaidó entrar en el país sin ser molestado.



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